Exposición Permanente - Lucía Landaluze

BODEGAS DARIEN
Actualmente


Bodegas Darien ha seleccionado entre el extenso plantel de artistas riojanos a la pintora Lucía Landaluce, dada su brillante trayectoria profesional, el reconocimiento internacional de sus propuestas y el interés de su obra pictórica, directamente relacionada con las sugerencias de la naturaleza. La obra espléndida de esta riojana se acopla a la perfección, potencia y pone justo contrapunto al geometrismo del edificio de Jesús Marino Pascual, dialogando expresivamente con el espacio portentoso concebido por él. Un valor compartido por un proyecto empresarial que persigue la excelencia en el cultivo, perfeccionamiento y difusión de los caldos riojanos.

 

Lucía Landaluce nace en Logroño en 1968, de formación rica y pluralista. Estudió técnicas del volumen en Madrid. Litografía en plancha y piedra con Don Herbert en Mallorca. Serigrafía con Bofarull en Zaragoza. Grabado calcográfico con Maite Ubide en Panticosa. Utilizó y trabajó con los textiles, la fotografía, y la talla en Calatorao, como medios de lenguaje de forma académica y autónoma.

Ha sido becada por la Fundación Joan Miró y lleva toda su vida experimentando y trabajando con distintos materiales y procedimientos en los diferentes estudios que ha montado en lugares que van desde Zaragoza, Lanzarote y Mallorca, a la Repíblica Dominicana. Su inquietud le ha llevado con espíritu nómada a aquellos lugares que podían estimular su creatividad o sugerir elementos para su trabajo, casi siempre agrupado en grandes series.

El resultado ha sido una obra sólida, coherente y extensa repartida en la treintena de exposiciones individuales que ha ido presentando en diferentes lugares de España y del extranjero. La última de ellas tuvo lugar en la Cripte de Sainte Eugenie en Biarritz, donde público y crítica dejaron claro que Lucía Landaluce es una de las primeras figuras del actual arte español contemporáneo.

Para Lucía Landaluce el arte no es una simple manera de abordar el mundo de lo visible. Considera que construir una imagen es algo orgánico, un ejercicio constituido por partes cuyas funciones se coordinan entre sí de manera perfectamente armónica. Aunque partiendo de la Naturaleza, esta artista propone con sus obras un universo en sí mismo, prescindiendo de la tiranía de los posibles modelos y dejando siempre las puertas abiertas a la interpretación.

Landaluce trabaja la expresión de las intuiciones, canaliza la energía y la relación con lo accidental, sustentando en todo momento lo impulsivo como signo de identidad personal. No delimita, no describe. Evoca. Sitúa trampas donde atrapar el sentido de las cosas.

Lo que intuimos está más allá de lo que enfocamos en el arte de mirar. El detalle es provocador de la atracción hacia el acercamiento.

A lo largo de toda su obra se aprecia que Lucía otorga una gran importancia a las calidades táctiles, creando superficies profusamente texturadas, formas vegetales, impresiones fosilizadas, ramas, hojas, ciénagas de mares prehistóricos. El vacío y el lleno de lo que se compone todo y nos muestra el sentido de la naturaleza.

Frente a la idea del universo, el microuniverso, lo microscópico como espacio de abstracción en el que se combinan motivos y tramas organicas evocadores de las formas de la naturaleza en sus estados más primitivos. Contemplando el conjunto de su producción, parece que la artista ha llegado a comprender el funcionamiento de la vida, aprehendiendo de modo cabal y sintiéndose parte de un orden más amplio, integrado por toda la diversidad de organismos vivos.

El fuego como símbolo de reestructuración, de transformación.

La muerte como el comienzo de un viaje de regreso.

En su producción reciente, Lucía Landaluce ha logrado ese difícil equilibrio entre orden y caos. Ella sabe que recorrer un camino incierto, con más preguntas que certezas, es otra manera de llegar.